Como muchas otras personas, oraba danzando o danzaba orando, de una manera espontánea, improvisada y a solas. Fue el descubrimiento en 1988 de la danza hebrea, de carácter comunitario, lo que me provocó un cambio en mi forma de vivir esta danza oración, permitiéndome abrir, extender y ampliar dicha experiencia. En una Eucaristía un grupo de jóvenes danzaba al hacer sus ofrendas. ¿Por qué orar danzando a escondidas y por qué a solas? Cuando se puede embellecer, transmitir, llenar de paz, reverencia y armonía un lugar y cuando se pueden compartir las miradas, la oración, la acogida con los demás.
Para quienes vibrábamos con el movimiento a la vez que con la oración, este cauce era agua fresca. A lo largo de veinte años, fui coreografiando danzas grupales que surgían de experiencias de vida y del encuentro con el Dios de la Vida. Son estas danzas las que ahora transmito. Primeramente poco a poco a través de encuentros de arte cristiano y talleres, de jóvenes fundamentalmente, por toda España. Descubrí con sorpresa que los gestos que nacían de mi oración, llevaban a otras personas a la oración.
A partir del 2001 tomo la decisión de difundir este regalo y misión que es la danza como oración.
A través de talleres dirigidos a todas las edades y cursos de formación, fue creciendo el número de personas que transmitían este modo de orar y su presencia fue extendiéndose a congresos, jornadas y diferentes encuentros. Desde entonces muchas personas han enriquecido, apoyado y extendido esta forma de oración.
El nombre de Danza Contemplativa quiere recoger la vía mística del cristianismo pues es una danza que lleva a la contemplación y a la vez el movimiento surge de forma suave, de lo profundo del corazón. De allí donde la persona se encuentra con el Misterio que la habita y queda muda ante su Presencia.