.... el alma tiende hacia el cielo, mientras nuestros pies están anclados firmemente en el suelo. Se establece un puente entre el cielo y la tierra.
La Danza Contemplativa es una humilde respuesta al Amor, a la Fuente que nos habita.
Es también la expresión de lo que se mueve en el interior humano. Unas veces es una acción de gracias, otras una petición, en otras aparece la humildad, el abandono, el saberse sagrado... todas las actitudes del que se sabe transcendido, inundado de Alguien que es más grande que sí mismo.
En la danza contemplativa el alma bendice continuamente al hermano, a la hermana. Se inclina ante su sacralidad. Se admira del Misterio que es la otra persona. Su limitación es transcendida y puede verse en último término quién es la persona que tengo al lado, hijo e hija de un mismo Dios.
La danza es un anuncio de la alegría, la paz, las relaciones de igualdad, de respeto y de hermandad a que estamos llamados/as. Es nada más que un pequeño laboratorio donde se practican nuevas actitudes que después pueden trasladarse a la vida cotidiana. Es un lugar donde beber, alimentarse de la oración y de una forma profunda de relacionarse, desde el corazón.
El Señor me hace desbordar de gozo,
y mi Dios me colma de alegría,
porque me ha vestido un traje de liberación,
y me ha cubierto con un manto de salvación,
como novio que se pone la corona
o novia que se adorna con sus joyas.
Is 61,10
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/ Danza Contemplativa 2009
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