A través de la historia...

Todas las culturas han utilizado la danza como medio de comunicación con aquello que transciende al ser humano, cada una a su modo. Así también las religiones incluyen de una forma u otra la danza.

En la Biblia la costumbre del pueblo hebreo de danzar a Yahvé queda manifiesta en numerosos pasajes. Por ejemplo, tras atravesar el mar Rojo, “María, la profetisa, hermana de Aarón tomó en sus manos un tamboril y todas las mujeres la seguían con tamboriles y danzando” (Ex 15, 20).

A lo largo de la historia del cristianismo se ha danzado y aún se danza, más frecuentemente en culturas donde el cuerpo es más aceptado y está más integrado como obra amorosa y gozosa del Creador, allí donde la influencia de la dicotomía cuerpo-mente no desprestigió al cuerpo.

Sabemos que danzaba el pueblo, pero que también lo hacían los sacerdotes, monjes y obispos. Así mismo, sabemos de santos y santas que expresaban con el movimiento su fervor hacia Dios. Cuentan así de santa Teresa que danzaba cuando no podía contener el amor que la embargaba, mientras sus hijas la acompañaban con castañuelas o palmas.

Muchas danzas han llegado hasta nuestros días, realizándose en determinadas fiestas, por ejemplo la danza de los Seises en Sevilla con motivo de la Inmaculada Concepción y del Corpus Christi.

Sabemos todo esto por distintos escritos, ya sean de los propios padres de la Iglesia, de himnos, textos ceremoniales, de biografías o cartas de santas y santos... y por decretos que comenzaron a prohibir la danza debido por un lado a abusos como llegar a bailar bajo los efectos del alcohol en torno a tumbas de mártires en los primeros siglos del cristianismo y probablemente también por el concepto del cuerpo como algo pecaminoso y poco elevado.

La recuperación de la danza como expresión religiosa en nuestra sociedad occidental ha tenido mucho que ver con la revalorización del cuerpo en el siglo XX. El cuerpo como lugar de vida, lugar de expresión y lugar de gozo.

En los años 70 judíos mesiánicos, judíos que reconocen a Jesús como el Mesías, recuperan la danza hebrea como expresión religiosa, y en distintos ámbitos cristianos comienza a extenderse. En muchos lugares, personas o colectivos tienen necesidad de expresar su experiencia religiosa a través de la danza:

“Como muchas otras personas, oraba danzando o danzaba orando, de una manera espontánea, improvisada y a solas. Fue el descubrimiento en 1988 de la danza hebrea, de carácter comunitario, lo que me provocó un cambio en mi forma de vivir esta danza oración, permitiéndome abrir, extender y ampliar dicha experiencia. En una Eucaristía un grupo de jóvenes danzaba al hacer sus ofrendas. ¿Por qué orar danzando a escondidas y por qué a solas? Cuando se puede embellecer, transmitir, llenar de paz, reverencia y armonía un lugar y cuando se pueden compartir las miradas, la oración, la acogida con los demás. Para quienes vibrábamos con el movimiento a la vez que con la oración, este cauce era agua fresca. A lo largo de veinte años, fui coreografiando danzas grupales que surgían de experiencias de vida y del encuentro con el Dios de la Vida. Son estas danzas las que ahora transmito. Primeramente poco a poco a través de encuentros de arte cristiano y talleres, de jóvenes fundamentalmente, por toda España. A partir del 2001 intensifico los talleres dirigidos a todas las edades, imparto cursos de formación junto a Carmen Jalón, crece el número de personas que transmiten este modo de orar y se descubrimos su presencia en congresos, jornadas y diferentes encuentros. El nombre de Danza Contemplativa quiere recoger la vía mística del cristianismo pues es una danza que lleva a la contemplación y a la vez el movimiento surge de forma suave, de lo profundo del corazón. De allí donde la persona se encuentra con el Misterio que la habita y queda muda ante su Presencia.”

Victoria Hernández