La Danza Contemplativa recoge su nombre de la vía mística del cristianismo, la Contemplación. Quedar absortos en el misterio de Dios. Donde todo se detiene. Nada se echa en falta. Todo lo plenifica. Las ideas y pensamientos se deshacen ante el Misterio. Saborear lo divino. Una nueva sabiduría surge.
La Danza Contemplativa nace de la tradición católica pero está llamada a no adorar a Dios aquí o allá, con esta tradición o aquella, sino a que el templo sea la propia persona. Y en la intimidad de ese templo, en el fondo de su corazón, adorar al Dios que la habita (Jn 4, 19-24; 1Cor 6,19).
Por tanto, toda persona es sagrada y ante toda persona nos descalzamos porque pisamos terreno sagrado. Orar ante el Sagrario debería llevarnos a orar ante el Sagrario del hermano, de la hermana.
A veces la persona teme, rechaza o ignora que hay una Presencia que la habita. Le invitamos a que se sumerja en sus profundidades y que abra su mirada a sí misma, al hermano y al Misterio de la Vida.
Jesús nos invita a adorar en Verdad. Por ello es importante aprender a escucharnos, a ser realistas con nosotras/os mismas/os. Es toda la vida que estamos creciendo y dejándonos llenar de la luz que irá iluminando nuestros puntos aún oscuros y donde también está esa Presencia aguardándonos.
Lo que empieza en el corazón está llamado a transcender la propia individualidad. Que sea en un contexto laico o de tradición religiosa o espiritual, dependerá de cada persona. El padre Arrupe decía: “No hay nada más práctico que encontrarse con Dios”. Sus consecuencias son impredecibles. La danza contemplativa no pretende quedarse en un éxtasis egocéntrico sino que, como cualquier otro tipo de oración, es un medio para encontrarse con Dios, sentir su amor y después, con la mente clara y el corazón dispuesto, ocupar nuestro lugar en el mundo. Transmitir desde ahí la Buena Noticia que se nos ha dado: con la palabra, la danza, el trabajo cotidiano, la vida familiar, el compromiso político, social... empapándolo todo del amor con el que se nos ha colmado.
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/ Danza Contemplativa 2009
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